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El tejido óseo
Nuestro tejido óseo es un tejido especializado que proporciona un soporte mecánico a nuestro cuerpo. Es un tejido vivo, que se remodela continuamente. Una parte del hueso se degrada y, simultáneamente, una parte del hueso se reconstruye. De esta manera el hueso puede reparar microfracturas y puede servir como un gran depósito – para nuestro cuerpo – del ion Calcio, fundamental para muchas funciones vitales.
 
Los defectos óseos
Los defectos óseos que necesitan operaciones de regeneración ósea se crean por diferentes motivos. Pueden ser provocados por traumas: un ejemplo son los accidentes de tráfico en los que, lamentablemente, se observa a menudo la fractura de los huesos largos, con pérdida de sustancia ósea. Los defectos óseos pueden ser causados por atrofia, como por ejemplo la pérdida ósea en la mandíbula superior e inferior que se observa cuando, al perder los dientes por distintas razones, el hueso se atrofia porque no recibe más estímulos. Las pérdidas óseas también se observan cuando se realiza la revisión de la prótesis de la cadera: después de algunos años del implante de la prótesis, esta comienza a movilizarse y debe ser sustituida. La movilización de la prótesis antes de la sustitución a menudo provoca una pérdida ósea que debe ser restaurada.
 
¿Qué se puede hacer?
Lamentablemente, los defectos óseos no se reparan por sí solos (salvo sin son muy pequeños y únicamente si son provocados por un trauma). Para poder resolver un defecto óseo se realizan injertos óseos: se introduce en el defecto un biomaterial que permite que los vasos sanguíneos y las células rellenen el volumen del defecto, dando un sostén y reparando el mismo defecto.
 
¿Qué tipo de biomaterial?
Durante la historia de la Medicina se han utilizado numerosísimos materiales. Una elección posible es utilizar el mismo tejido óseo del paciente: se lo recoge del sitio donador y se lo coloca en el sitio aceptor. Es una técnica probada que, sin embargo, implica algunos riesgos e inconvenientes para el paciente: se debe realizar una segunda operación quirúrgica y, por consiguiente, el paciente tiene que ser operado en dos puntos diferentes del cuerpo y, para las operaciones de extracción ósea importantes, tales como aquellas de la cresta ilíaca (cadera) se pueden producir efectos postoperatorios desagradables (por ejemplo, dolor) que en los casos más graves pueden durar incluso algunos meses. Por dicho motivo, se han estudiado muchos materiales alternativos. Los materiales sintéticos pueden ser una buena alternativa, pero tienen el defecto de ser muy diferentes al hueso natural. Se han buscado materiales más similares y se ha llegado a la conclusión que la mejor alternativa es utilizar hueso de animal tomado de mamíferos.
 
¿Por qué un Mamífero?
El Hombre es un mamífero, como el conejo, la vaca, el caballo, etc.. Los mamíferos son muy diferentes entre sí, pero a nivel óseo poseen muchas características en común. Sobre todo, la parte mineral (sólida) del hueso es sumamente similar: tiene la misma composición química y la misma arquitectura tridimensional (aunque con variaciones de densidad debidas al peso del animal). Una idea muy atractiva es aquella de utilizar como material para injerto óseo la parte mineral del hueso de un mamífero, siempre y cuando se eliminen todas las sustancias que nuestro cuerpo reconoce como extrañas. Este injerto – óseo, natural y no sintético – será aceptado mejor por nuestro cuerpo y entrará a formar parte de los procesos naturales de reparación del tejido óseo, para ofrecer el mejor resultado posible: la regeneración completa del tejido óseo del paciente, sin que permanezca material extraño.
El método de desantigenización Bioteck
Para evitar reacciones negativas, es necesario eliminar las sustancias presentes en el hueso del Mamífero escogido que nuestro cuerpo reconoce como extrañas, y es necesario hacerlo sin arruinar la parte mineral del hueso. Una posible solución es calentar el hueso a altas temperaturas (más de 600°C): las sustancias extrañas se disuelven y se convierten en gas y así es posible separarlas. Sin embargo este método no funciona bien: la parte mineral se modifica y el hueso se vuelve poco reabsorbible: está presente incluso después de 10 años del injerto. Por este motivo, Bioteck ha creado un proceso alternativo y muy sofisticado. En lugar de utilizar calor, utiliza enzimas. Las enzimas son sustancias neutras que aceleran las reacciones químicas que de otra manera son muy lentas. Por ejemplo, la grasa se disuelve tan lentamente en el agua que se la puede considerar insoluble. Pero si a la solución se añade una enzima especial, llamada lipasa, la reacción se produce más rápido y es posible disolver la grasa en el agua. Una característica particular de las enzimas es que la temperatura a la que actúan es la temperatura de nuestro cuerpo: 37°C. El método Bioteck somete el hueso natural a una solución compuesta por varias enzimas, seleccionadas especialmente para disolver las sustancias extrañas que serían perjudiciales. Después de una semana de tratamiento (el proceso es muy sofisticado y complejo) el hueso queda completamente limpio y es posible injertarlo. Dado que el tratamiento se realiza a una temperatura natural, 37°C, la parte mineral no se arruina y se mantiene idéntica a aquella del hueso humano.
 
¿Cuáles son las ventajas para el paciente?
Las ventajas para el paciente que recibe un injerto de sustituto óseo Bioteck son múltiples: en primer lugar la garantía de calidad del injerto óseo. Se trata de hueso natural tratado con un proceso biotecnológico avanzado que ninguna otra empresa es capaz de realizar. Además, el injerto óseo natural y tratado con este proceso de desantigenización enzimática, es reconocido como natural por nuestro cuerpo: después de un período de tiempo variable (que depende del sitio del injerto y de las dimensiones del defecto), de todas maneras no superior a un año (para los defectos más pequeños pueden ser suficientes tres meses), es remodelado y sustituido completamente por el hueso del paciente, para una regeneración propiamente dicha que no deja residuos de material extraño. Este es el resultado clínico que todos deseamos lograr: la regeneración de nuestro tejido óseo, así como era antes del trauma o del proceso atrófico.
 

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